El cáncer cervicouterino, también conocido como cáncer de cuello uterino, se origina en las células del cuello del útero, la parte baja del útero que conecta con la vagina. Este tipo de cáncer se desarrolla, en la mayoría de los casos, como consecuencia de una infección persistente por el Virus del Papiloma Humano (VPH), una infección muy común que se transmite principalmente por contacto sexual.
La detección temprana es clave: cuando se identifica en etapas iniciales, el cáncer cervicouterino tiene una alta probabilidad de curación. Los programas de control, que incluyen el Papanicolau (PAP) y la prueba del VPH, permiten detectar lesiones precancerosas antes de que se transformen en cáncer invasor.
Existen dos tipos principales de cáncer cervicouterino, clasificados según el tipo de célula donde comienza la enfermedad:
Carcinoma epidermoide: representa cerca del 80% al 90% de los casos. Se origina en las células planas que cubren la parte externa del cuello del útero.
Adenocarcinoma: se desarrolla en las células glandulares del canal cervical. Es menos frecuente, pero puede ser más difícil de detectar en sus etapas tempranas.
También existen formas mixtas, que combinan ambos tipos celulares, aunque son menos comunes. En todos los casos, el diagnóstico precoz marca una diferencia significativa en el pronóstico y en las posibilidades de un tratamiento curativo.
En sus primeras etapas, el cáncer de cuello uterino suele no presentar síntomas, por lo que los controles ginecológicos
regulares son esenciales.
Cuando la enfermedad avanza, pueden aparecer algunos signos de alerta, como:
Sangrado vaginal anormal (fuera del período menstrual o después de las relaciones sexuales).
Flujo vaginal con mal olor o de aspecto inusual.
Dolor pélvico o durante las relaciones sexuales.
Dolor lumbar persistente o molestias en la pelvis.
En etapas más avanzadas, pueden presentarse síntomas como fatiga, pérdida de peso o problemas urinarios.
Estos síntomas no siempre indican cáncer, pero requieren evaluación médica inmediata para descartar o confirmar un diagnóstico.
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